"Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, pero la
violencia se practica a plena luz del día"

(John Lennon)

sábado 28 de enero de 2012

José Luis

"Es monstruoso que el dedo sobre el gatillo sea la respuesta al dedo sobre el obturador ¡Que abominable salvajismo!"
Henri Cartier-Bresson


(Tras ver un informe sobre la vida y muerte de José Luis Cabezas, como si un fantasma de repente se apoderara de mis dedos, me surgió la necesidad imparable de, yo también, rendirle un pequeño homenaje a este hombre, que perdió su vida por sus convicciones, por decir la verdad, por develarla.
Como si acaso de este modo pudiese hacer justicia. Intentando así, de alguna manera, superar la bronca y la impotencia que me provoca. Intentando hacer presente a Cabezas.)



José Luis tenía en 1997 35 años, tres hijos y una gran carrera como fotógrafo en sus espaldas y, más aún, hacia adelante.
La fotografía era su pasión. Había empezado a aventurarse en los rollos sacando fotos a los niños en un parque, para vendérselas a sus mamás. Se convirtió en fotógrafo social hasta que logró dar el gran salto y se hizo reportero gráfico de la Revista Noticias.

Cuando alguien hace algo con pasión, cuando alguien realmente ama lo que hace, el amor y la pasión se reflejan en su trabajo. Y basta con ver las fotos que sacaba José Luis para entender su pasión por la fotografía.
Modelos, periodistas, escritores, políticos, actores, campesinos; personajes reconocidos y anónimos retratados por su lente dan testimonio de la pasión de José Luis. De la pasión por cada momento de una foto. Por el antes, por el durante, por el producto final. Un tipo que se paraba en cualquier escritorio, se escondía en cualquier arbusto, convencía hasta al más reacio. Cualquier cosa para lograr la foto deseada.
Para lograr transmitir con una foto sentimientos, ideas, momentos, personas, rostros, voces.
José Luis era una apasionado por las fotos. Se consideraba muy afortunado porque le pagaban por hacer lo que le gustaba.

José Luis tenía tres hijos que habían llenado de calcomanías su cámara. Hoy su hija mayor, Agustina, tiene 21 años y heredó  de su papá, el amor por las fotos. Pero también heredó su alegría.
José Luis era un tipo alegre, divertido, jodón. Siempre con buena onda, con bromas, con risas contagiosas, amiguero. Feliz.

Y José Luis era, además de fotógrafo, reportero gráfico. Periodista. Contador de la verdad. Ejercía ese oficio de contar la verdad con imágenes. Aunque esa verdad no le gustara a muchos. Aunque muchos hubiesen querido velar sus rollos.
Y fue justamente su pasión lo que lo llevó a la muerte. Una muerte injusta, programada, a sangre fría.
A José Luis lo mataron un 25 de enero a la madrugada de dos tiros en la cabeza.
Quemaron su cuerpo adentro de su auto. Estaba esposado.
Su cámara apareció varios meses después en un río semidestrozada.
Empezaba el año 1997.
Un año antes, José Luis le había puesto rostro a uno de los hombres enmascarados más misteriosos y poderosos del país. Un hombre que mantuvo relaciones carnales con todo el poder argentino, durante décadas. Un hombre cuyo rostro develado significó que muchos otros que se escondían con él salgan a la luz. Que sus muchos negocios salgan a la luz, involucrando y sacando a la luz muchos otros oscuros personajes poderosos. Involucrando a los poderes del Estado. Al mismo ejecutivo.
José Luis había firmado su sentencia de muerte con esa famosa foto del aquél empresario caminando por la playa. Esa foto espectacular, con el fondo desenfocado, con el rostro del hombre develado.

El hombre y todo su séquito de matones formado por sus propios custodios personales, pero también por la policía, que planearon minuciosamente la muerte que parece sacada de una novela de Mario Puzzo, fueron condenados por la justicia.
Condenados si.
Condenados tras innumerables idas y vueltas. Tras pistas falsas, declaraciones falsas, pruebas contaminadas y trastocadas. Tras retorcidas relaciones de poder intentando tapar la realidad.
Fueron condenados:
El hombre, ejecutor intelectual del velo definitivo sobre el lente de José Luis. Que nunca cumplió su condena porque se suicidó cuando estaba por ser arrestado. O eso dicen.
El policía que le pegó los dos tiros, que luego fue liberado.
Y todos lo partícipes. Los que lo secuestraron. Los que lo golpearon, esposaron, quemaron. Los que destruyeron las pruebas. Todos ellos que colaboraron con silenciar la verdad. Que mutilaron la libertad de expresión.
Todos ellos condenados. Y todos ellos liberados.
Todos ellos que intentaron tapar la verdad, que asesinaron, manipularon, ensuciaron, todos ellos libres.

Y José Luis, muerto.
José Luis, que fue padre, esposo, hermano, amigo, hijo, compañero, periodista, argentino, laburante.


Vivimos en democracia.
La vida es el primer derecho de todas las personas.
La libertad de expresión es un derecho fundamental tutelado por nuestra Constitución Nacional.
La injusticia, la censura, el olvido no son democracia.

José Luis Cabezas quince años después, sigue presente.

3 pasearon por esta calle:

elado dijo...

quiero leerte dialogando :D besos:D

Víctor dijo...

La injusticia mas grande es que tengamos que tomar como naturales las formas de vulneración de nuestros derechos. No somos libres, no poseemos representantes, solo dueños...

No pude entrar a tu otro blog, disculpa mi ausencia fueron tiempos duros...

Víctor dijo...

correodevictor@gmail.com