"Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, pero la
violencia se practica a plena luz del día"

(John Lennon)

jueves 31 de julio de 2008

La calle blanca de los jueves

Como todos los días, María Elsa se levantó temprano, se vistió con una pollera hasta las rodillas, zapatos de taco cuadrado y una camisa oscura. Como todos los días, María Elsa puso la pava para el mate y recogió el diario de la puerta.
Escuchó, como cualquier otra mañana, la ducha de Ricardo antes de ir al negocio y le preparó unas tostadas.
Como todos los jueves desde hace 28 años, María Elsa se puso el pañuelo blanco bajo la desaprobadora y triste mirada de su marido, se colgó la foto de Lucía en el pecho y salió camino a la parada del 17.
Inevitablemente, todas las semanas cuando cumple esa rutina, vuelven a su memoria las imágenes del terror de aquella mañana de agosto, cuando los verdes, que también son grises, azules o civiles, se llevaron a Lucía, con sus 23 años, sus ganas de vivir y su bebé de tres meses en la panza.
Inevitablemente, María Elsa derrama un par de lágrimas.
Llega a Florida y Diagonal Norte y camina el par de cuadras que la separan de la Plaza de Mayo, donde se empiezan a juntar otras tantas como ella.
Hubo jueves en los que estuvo cansada; hubo jueves en los que estuvo enferma; hubo jueves en los que tuvo miedo.
Pero el dolor por ese pedazo de sus entrañas que esos hijos de puta le arrancaron siempre fue más fuerte. El cordón tira y la vieja siente en lo más profundo de su corazón. La vieja sabe. No se olvida la noche en que se despertó a las 4 de la mañana muy feliz, sabiendo que a Lucía le estaba pasando algo bueno, y que un par de semanas después, se abrazaron en el médico con la noticia del embarazo. Tampoco se olvida de la noche que se despertó llorando, y que supo que sus esperanzas eran en vano.
Pero María Elsa no baja los brazos.
Ese jueves, como cualquier otro, en su camino a la plaza, alguna intuición extraña la acompañaba.
Y fue ese jueves que el noticiero del mediodía le contó que uno de esos hijos de puta iba a estar preso por el resto de sus putefractos días.
Y fue ese jueves, cuando pensaba que de todas formas ya no tenía sentido, a sus 62 años, que sonó el timbre, y un flaco alto, de mirada profunda y emocionada, le dijo desde el otro lado del umbral:
- Sra. Rodriguez? Qué tal? Me llamo Mariano, tengo 27 años. Nací en la ESMA... Lucía, era mi mamá.

13 pasearon por esta calle:

Nacho Epuñan dijo...

Wow...

me gustan tus historias...

son verdaderas... calzan y se mueven de forma real.

Yo vuelvo después de un amplio trabajo de reformulación...

y aquí estoy...

encendido en un nuevo fuego...

hambriento de sensaciones y letras.

Nacho Epuñan dijo...

ahh... me olvidaba...

tu ojos...

me gustan porque saben sonreir.

Basquiat dijo...

una narración impresionante, muy real y contada con gran destreza.
besos andrea.

digler dijo...

me dejaste atrapado con la mirada triste y determinada de María Elsa, y con la sorpresa de escuchar la voz de Mariano que viajó desde sus recuerdos...

precioso relato

elado dijo...

andiiiii extraño la gente :( igual q se yo ya nos veremos ajaj beso!

Roky Rokoon dijo...

no se bien que decir, estas cosas me dejan pensando muuucho

Victor dijo...

Como duele el alma de nuestros pueblos, no puedo creer que haya gente que justifique la barbarie, como nos duele el corazón, como nos avergüenza.

Tengo miles de abrazos guardados para ti, asi que vendré a dejártelos uno por uno.

Le Petit Prince dijo...

De solo pensar que esas cosas pasan y son lastimosamente (por el contexto) reales, se me pone la piel de gallina y las ganas de llorar brotan.

Juan M Idiazabal dijo...

Hola Andrea, volví a pasearme por tu asfalto, y la historia que publicaste me vuelve a emocionar... tan cierta y cotideana en este país hermoso y enfermo en el que vivimos que nos duele a todos, siempre... lo bueno es el mensaje de esperanza que compartís al final... siempre es fantástico pasarme por acá... nunca abandonemos las esperanzas como no lo hacen esas valientes mujeres de pañuelos blancos, saludos...


Disfruten, sean felices
http://kratosdelaslenguas.blogspot.com/

KB dijo...

Leer tu post realmente estremeció mi alma y un escalofrío recorrió mi espina dorsal.
Sinceramente, antes de ser padre, historias como estas simplemente me iban y venían, pero ahora, que sé qué es tener un hijo y los desafíos que uno está dispuesto hacer por él, que realmente me ha conmovido tu historia.

Saludos.

Julio Castelló dijo...

Un relato bien medido y emocionante. Una buena forma de contribuir a la cicatrización de una dolorosa herida de la Humanidad. El mundo necesita tanto corazón...

Grecia dijo...

maravilloso relato, te felicito.
estamos en paises con estúpidas guerras y es triste, tendremos que descontaminarlos de alguna manera.

preciosa forma de escribir.

un abrazo!

varguitass dijo...

wow!!!

(no tengo más palabras)


un beso

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